Ya ni siquiera es valido decir adiós cuando se ha pronunciado muchas veces antes,
no tiene sentido un discurso que solo se va creando para regresar al conflicto,
no son más que ecos incómodos de un no deseo que encierra el egoísmo de los dos.

¿Qué pasará el día en que no exista en realidad ninguna despedida?
cuando se convierta en algo tan sencillo como voltear la mirada,
cuando nos demos cuenta lo poco que nos necesitamos.

Se visualizan los caminos diferentes
y se convierte en algo muy fácil de reconocer,
incluso en momentos de coraje como este...
en que se te ve tropezar una y otra vez por tus patrones de aprendizaje,
donde irónicamente me muerdo la lengua recordando que aún te tengo en mi vida.

Ofelia Balderas.